¡No seas tan clavo!

Dennis Meléndez Howell
26 de febrero de 2011

En todo Latinoamérica se usa la locución verbal “sacarse el clavo”. Creo que no hay que dar mucha explicación de su significado: simplemente es, o bien, vengarse de alguna ofensa recibida  o averiguar o confirmar algo que nos tenía con duda.

“Como en días pasados me dijo que yo era un gran vago, hoy me saqué el clavo y lo acusé de estar durmiendo en horas de trabajo”

“Finalmente me saqué el clavo y pude averiguar adónde es que va Lucía todas las noches”

Otra variación es “dar en el clavo”, que significa acertar en algo o adivinar una situación que apenas se presumía; dar en el punto exacto o encontrar el quid de un argumento.

 “Después de dar mil vueltas hasta que di en el clavo de cómo resolver el problema.”

“Por dicha  di en el clavo de qué era lo que tenía malo este chunche.”

En Costa Rica, además, existen otras variaciones que tienen acepciones muy particulares, como por ejemplo, rencor o inquina, tirria, odio u ojeriza hacia alguna persona o cosa, como en la expresión: “tenerle clavo a alguien”.

“Dejate de varas. Lo que pasa es que vos me tenés clavo y por eso no querés trabajar conmigo.”

También, un clavo es un pleito o reyerta:

“¡Vieras qué clase de clavo el que se armó”. Los carajos se moqueteaban, las viejas gritaban y el man, ¡hasta que se puso pálido!”

 Además, también como sustantivo, y muy similar a la anterior, “un clavo” es un problema, enredo o situación complicada, enojosa o difícil.

“No vine antes porque estaba tratando de resolver un clavo que se armó con el inventario.”

“Vieras en qué clavo estoy metido.”

También significa culpa, responsabilidad de haber hecho algo indebido.

“Dejate de estarme echando los clavos a mí, yo no tuve nada que ver en ese colocho.”

O con el significado de duda o inquietud.

“Mirá, me dejaste con el clavo de qué fue lo que le dijiste a Cristina.”

No estoy tan seguro si en todos estos sentidos se le usa en otros países. Por el momento, estoy con ese clavo.

Pero definitivamente, la que se lleva las palmas es la locución: “ser clavo”, y esta sí es muy propia del hablar de los ticos y aún no he escuchado en ningún otro país. En Costa Rica significa ser avaro o agarrado (o como dicen en Colombia, amarrado o amarrete en Chile).

“No seas tan clavo, comprate unos zapatos de buena calidad”.

Y esta es la leyenda de los clavos, que son tan abundantes do quier:

Clavo, en el sentido de avaro, tiene una historia muy particular. Se remonta a la llegada de inmigrantes judíos al país en el Siglo XX, alrededor de 1925. Cabe aclarar que estas no fueron las primeras inmigraciones de judíos, pues se reporta que ya en los siglos anteriores se habían dado algunas inmigraciones, aunque no necesariamente desde Europa.

Pues bien, cuando se desató la crisis de la interguerra en Europa, principalmente las hambrunas en Rusia y Polonia, y el antisemitismo en Austria, Hungría y Rumania, obligó a que muchos judíos tuvieran que huir de sus países y terminaron en América. En 1925 se dio la primera ola inmigratoria hacia Costa Rica. Luego vinieron otros en los años 30, a unirse a sus familiares, huyendo de la  persecución racial. Pero la inmigración continuó aún hasta finales de los 40, cuando Europa apenas empezaba a curar las heridas de la Segunda Guerra mundial y la pobreza cundía por doquier.

Como suele suceder, los inmigrantes, principalmente cuando son desplazados, les toca vivir una vida muy dura, pues aparte de su expatriación, deben enfrentar un ambiente hostil. En el caso de los judíos tenían que enfrentar, además, la barrera idiomática y la falta de aceptación social. Si a eso agregamos las barreras religiosas, el panorama es más que gris. Ganarse la vida en esas circunstancias no es fácil.

Hacia finales de los 40 se produjo una importante venida de inmigrantes judíos polacos, del pueblo de Zelechow. Para ganarse la vida, se dedicaban a vender ropa, la que cargaban en una valija sobre sus espaldas. La gran novedad es que iniciaron el sistema de ventas a plazo, para lo que usaban una tarjeta en donde iban anotando los abonos que la gente les hacía, semana a semana. Aún en los años 50, era común ver a aquellos señores de piel blanca y pecosa, aunque curtida por el sol, con una valija de cuero crudo al hombro, ofreciendo cobijas y ropa, de casa en casa. Fui testigo de algunos que andaban por la zona de Paso Ancho, todavía con muchas dificultades de comunicación, y más de una vez observé cómo, para su almuerzo, llevaban apenas un pedazo de salchichón (no en balde en Estados Unidos al salchichón se le llama “polska kievasa”). Compraban, en cualquier pulpería, un bollo de pan de a cinco y pedían un vaso de agua. No fue sino hasta bien entrados los 50, en que su situación mejoró y muchos se dieron el lujo de contratar un “llevo llevo”, o sea, un cargador para su maleta. Como estos judíos fueron los que llegaron más directamente a la gente, fue de allí de donde se derivó la distorsión de llamar polacos a los judíos; de hablar de los pagos polacos y, hasta, identificar a cualquier persona rubia como polaco.

Pues bien, volviendo al clavo, dicen las leyendas que, dado que estos polacos tenían que caminar largas distancias y cargar mucho peso sobre sus hombros, tenían que  buscar la manera ser eficientes. Para no perder el tiempo visitando las casas en donde no les compraban, a alguno de ellos se le ocurrió una brillante idea. Cuando ya detectaba que sistemáticamente en una casa que visitaban nunca le compraban nada, disimuladamente, en el portón de la entrada o en el marco de la puerta, colocaba un clavo. Así ni se molestaba en pasar por allí. Por lo tanto, para ellos, un clavo en la puerta era señal de que en esa casa eran agarrados y no compraban. Como sus competidores empezaron a conocer el significado de aquella señal, entre ellos mismos se hacían trampas, y ya no era solo el clavo, sino la dirección en que lo ponían, puesto que hallaron que, a veces, les convenía más bien que otros polacos, al ver el clavo, se alejaran de aquella casa.

La gente, pronto se dio cuenta del truco, y por molestarse, se ponían clavos en las puertas de unos a otros, indicando que eran avaros. Así fue como “clavo”, pasó a ser sinónimo de agarrado o avaro.

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  1. #1 por olman lopez ovares el 26 febrero, 2011 - 12:26 PM

    Hola, Sr. Meléndez. ¡Puffff!, qué relato tan bueno. No tengo palabras. Vieras que en mi casa utilizábamos clavo, así como usted lo explica.

    Vieras que me hizo recordar a la familia Júarez Molina. Ellos venían de un pueblo de Nicaragua, que si mal no me equivoco, (pero que muy probablemente lo escriba mal, pues ya te habrás dado cuenta que la escritura no es mi fuerte) venían de Cucrajil o Cucarajil (no sé si así se pronuncia). Pues esta gente, desde el papá, don Zenón Juárez y la mamá (doña María), lo mismo que todos los hermanos, utiliaaban el clavo para todo. Por ejemplo, -“don Zenón, ¿que dice mi papá que si mañana puede usted ir a echarle un jornalillo en la milpa? Es que está muy urjido por terminar de tapiscar ese maíz.”- -“Uy, qué va chiquillo, no ve que ayer me salió un clavillo donde los Valverdes (un trabajillo) y estoy claviendo (estoy trabajando) mañaniando, porque me voy a clavo (a pata), porque la bici se ponchó, que algún clavo viejo en la calle, no sé”. “El clavo es que, dígale a su papá que no puedo” –

    Bueno, Sr. Meléndez, Dios lo cuide y lo proteja de cualquier clavo malo.

    • #2 por Dennis Meléndez Howell el 10 abril, 2011 - 7:46 AM

      Don Olman. Efectivamente, en un diccionario de nicaragüismos aparece esa acepción para la palabra clavo. Saludos.

  2. #3 por olman lopez el 3 mayo, 2011 - 3:44 PM

    Hola, Sr. Meléndez. Gracias por su respuesta. Le estaba contando a mi mami, sobre el articulo que tú pusiste de “Eso de llamarse Dennis”. Yo le contée que conocí unos vecinos, don Anito Valverde y sus hermanos, Teresito y Rosito. Pues dice mi mamá que el papá de mi abuela, se llamó Dionisio Isabel. ¡Qué nombre! Nos reimos cantidad. Bueno, que Dios te bendiga. Sigo esperando que me avises cuando termines el trabajo de Escazú. Mi correo es olmanlope10@hotmail.com

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