¡Tumbe ese vara!

dios

Dennis Meléndez Howell
31 de octubre de 2009
Rev. 31 de enero de 2011

Hace unas cuantas décadas, la expresión ¡tumbe la vara! era considerada un pachuquismo, término que solo usaba la gente de poca cultura. Desde luego que, como suele suceder con los pachuquismos, rápidamente fue asimilada por los jóvenes, quienes empezaron a utilizarla tan profusamente que la subieron de rango social, aún para las personas que se consideran “cultas”.

¡Tumbe esa vara! se le dice a alguien que esté haciendo algo que nos incomode o nos moleste, para que lo deje de hacer. Desde este punto de vista, tumbar la vara es equivalente a renunciar a algo o hacer algo.

Y de allí se derivan cantidad de variantes: “¡dejate de varas!”, para decir a alguien que no le creemos; “¡qué varas las tuyas!”, cuando alguien se enoja o nos acusa de algo, o bien, cuando se pone rejego o se niega a hacer algo. Cuando alguien exhibe un comportamiento ilógico decimos de él: “¡no sé qué vara le cogió!”. También se usan las expresiones “no se ande con varas”. Pero también vara es cualquier cosa. Por ejemplo, una vara puede ser cualquier chunche: “tengo que ir Chepe a hacer una vara” (asunto); “Traeme esa vara para ver si me la cambian”. ¿Pescaste cómo es la vara?

Se usa el diminutivo, como despectivo de algo molesto o tequioso: “mirá dejate de esa varita de salirme con mates y andarme pidiendo plata prestada”.

Tan pachuca se le considera que hay un chiste que dice que los tres pachucos más grandes de la historia fueron: “Colón con su pinta; Aladino con su lamparita y San José con su varita”.

¿Cómo surgió esa “vara”?

Si nos atenemos a lo que dice Carlos Gallini, en su Diccionario de Costarriqueñismos, la expresión “dejá de estar cortando varas”, proviene del Siglo XIX, del argot de las costureras y los sastres. Por aquella época, la costumbre era medir las telas en yardas, que equivalían a 91,4 cm. Para otros fines, tales como medir la madera o la longitud de las tierras, se usaban las varas, equivalentes a 83,6 cm. En algún momento, algunos tenderos inescrupulosos, que siempre han existido, encontraron una forma fácil de estafar a su clientela y era que, en vez de usar una pieza de madera de una yarda para medir las piezas de tela, la cambiaban por una pieza de una vara. El reclamo justo de quienes se sentían estafados no se hacía esperar, y en lo sucesivo, cuando alguien iba a comprar telas le advertía al tendero: “no me cortés varas”. De allí se extendió el sentido a otras situaciones y era común decir a alguien que estaba hablando cosas que no correspondían a la realidad: “no me cortés varas.”

Luego, vara se independizó como una palabra genérica para referirse a cualquier cosa: “¿Qué estabas haciendo que no venías? – Una vara”; “Pasame esa vara a ver si le encuentro solución.”

Posteriormente vino la otra parte de la expresión, que fue cuando adquirió la carta de ciudadanía en el pachuquismo: “Tumbá esa vara.” Aunque parezca mentira tiene un origen bíblico.

Baste recordar que, en la antigüedad los pastores ejercían autoridad con sus ovejas con su vara. Esto hizo que, como símbolo de autoridad, los jefes tribales y luego los faraones y los reyes empezaron a utilizar la vara como símbolo de su poder. Luego empezó a decorarse y se convirtió en báculo. Cuando a la vara se le hizo corvo en un extremo, se le llamó cayado, pero al final de cuentas, ¡todos son la misma vara!

De aquí se derivan dos hipótesis. Una que, cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo que Dios le había dado las tablas de la Ley, encontró que, por alcahuetería de Aarón, habían construido un becerro de oro que representaba al dios egipcio Apis, montó en cólera, “tumbó su vara”, cogió las tablas con las dos manos y las destrozó. Claro que, para aplacar la ira divina y que Dios no castigara a su pueblo, Moisés se encargó de matar a tan solo 20 mil israelitas (una minucia, considerando que era su propia gente, si no, ¡los hubiera condenado al anatema!), para que Dios se dejara de varas y se calmara (Éxodo 31:18).

Sin embargo, consultando los textos del Éxodo y el Deuteronomio, en ningún lado dice que Moisés tumbó, o como traducen algunos, echó a tierra la vara. Más bien esa es la imagen que queda en la retina de las primeras películas de los Diez Mandamientos  (Especialmente la versión con Charston Heston), en donde Moisés baja apoyado en su vara y al ver a su pueblo adorando a Apis, literalmente tumbó la vara, montó en cólera e hizo añicos las tablas. (Después tuvo que ir a pedir cacao para que se las volvieran a hacer).

Más bien es en unos versículos más atrás (Éxodo 4:2-4), en que Dios le dice: “¿Qué es eso que tienes en la mano? Moisés respondió: – Una vara”; (debe suponerse que era efectivamente una vara, y no cualquier vara). Entonces Dios le dijo: “¡Túmbala!” (La Biblia Católica lo traduce como “échala en tierra.”, pero al fin de cuentas, es la misma vara). Y sigue diciendo: “Y él la tumbó y se convirtió en una serpiente; y Moisés huyó de ella. Pero el Señor dijo a Moisés: Extiende tu mano y agárrala por la cola. Y él extendió la mano, la agarró, y se volvió vara en su mano.” Y claro, el vulgo, que no desaprovecha oportunidad para hacer chota de cualquier cosa, tomó esta frase bíblica y la asoció con la vara de la que venimos hablando.

Desde entonces “la vara de Moisés” se hizo aún más famosa. De hecho, ya le había servido para hacer una competencia con los magos del faraón para convertirla en serpiente, lo cual también podían hacer los magos, solo que la de Moisés se comió a las de los magos, y estos se tuvieron que dejar de varas. También con esa vara fue que logró que el mar Rojo se abriera en dos para dejar pasar a su pueblo.

Es precisamente también por esta vara que los pachucos ticos dicen que Dios autorizó a los hombres a pegarle a sus mujeres, pues en Éxodo 17:1-7, Dios le dice a Moisés: “Toma tu vara y golpea la roca”. O sea, lo sentimos mucho señoras, pues en el tanto en que ustedes sean nuestra rocas, el mandato bíblico es claro. ¡Nada que se pueda llamar abuso conyugal!

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