La plancha de Rafela

Dennis Meléndez Howell
29  enero de 2011

Siempre siento orgullo de decir que nací y viví mi infancia en El Paso Ancho del Río Tiribí, en tiempos en que todavía era zona de potreros, de fincas de café, de ríos en donde aprendí a nadar y en que aún merodeaban algunos animales silvestres.

Para el costarricense de aquellos tiempos, pero muy especialmente para quienes éramos campesinos en los años 50, que dependíamos de la radio como único medio de entretención, Carmen Granados Soto fue un personaje inolvidable que marcó nuestras vidas, pues nos acompañó y entretuvo por más de 40 años. Su extensa lista de personajes incluían a Rafela, Prematura Oconitrillo, Doña Chona, Doña Vina y muchos otros que creó a la largo de su vida, y que, me atrevería a decir que sobreviven en el alma nacional, como ella autoproclamaba en su canción emblema, aún después de su muerte. Carmen Granados se mantuvo activa hasta muy pocos meses antes de su muerte, el 18 de abril de 1999, a sus 84 años, por lo que, a veces, uno tiende a suponer, no era alguien ajeno a las nuevas generaciones. Hacía un tipo de humor, a veces picaresco, pero siempre blanco, por lo que quizás, para muchos era la cuentista de los maiceros y los polos. Tal vez, porque no recurría a lo chabacano, ni necesitaba, para hacer reír, burlarse de los homosexuales, externar groserías, chistes obscenos ni malas palabras, espíritu que parece haberse perdido en los cómicos de nuestros días, de los que pocos, si alguno, merecen el título de humorista.

Muchos de los cuentos de Rafela quedaron muy grabados en mi mente y los sigo usando a diario como refranes cotidianos. Algunos de ellos, los dejé como herencia a mis subalternos en Colombia quienes, después de tantos años de oírmelos, terminaron por incorporarlos a su léxico laboral y, hasta, social. Quizás, el ser dicharachero es una señal de vejez, pero es que conforme pasan los años, uno va comprendiendo la profunda filosofía que hay en muchas de esas expresiones populares y cree que, usados en el contexto apropiado, explican más sobre la vida, que muchas palabras.

Esperemos a que entre el perro para ver si está lloviendo.” Es la manera tica en que Carmencita Granados expresaba algo parecido a lo del famoso dicho nicaragüense de “Esperemos a que se aclaren los nublados del día”. Si bien en sentido literal lo refería al tipo vagabundo a quien le pidieron que saliera a ver si estaba lloviendo, cuando se aplica a otras situaciones podemos percatarnos que contiene mucha profundidad: no nos desesperemos por acontecimientos que no han ocurrido, dejemos que el tiempo transcurra y que los hechos nos digan cuál es la mejor solución. No prejuzguemos a la ligera hasta tanto no tengamos elementos fácticos que nos demuestren cuál es  la realidad.

“Cuando uno no quiere prestar la plancha…” Tenía Rafela otro cuento, el que, como era común en ella, repetía muchas veces, pero siempre hacía la misma gracia. Lo he incorporado a mi acervo de expresiones a las que recurro con más frecuencia de lo que quizás debiera, no solo como chiste, sino porque, a mi gusto contiene un trasfondo que nos muestra una gran realidad del ser humano. Decía Rafela que, una vez la mamá le pidió a su hijo que fuera donde la vecina y le dijera, de su parte, que si le podía prestar la plancha. Mal humorada y, probablemente cansada de las constantes molestias que le causaba esa señora, la vecina contestó al chiquillo: – “No. Dígale a su mamá que no se la puedo prestar porque la necesito para peinar a mi hija”. Extrañado, el chiquillo le preguntó: – “¿Y es que acaso usted usa la plancha para peinar a su hija?”, a lo que recibió como respuesta, en tono golpeado: -“Pues no, pero cuando uno no quiere prestar la plancha la puede usar para lo que le dé la gana.” Repito este cuento con frecuencia, aunque a veces le cambio el final por algo más suave, como por ejemplo, “para lo que uno quiera”, con el objeto de que, personas excesivamente susceptibles no se sientan ofendidas. Me parece que en muchas ocasiones cae al pelo, especialmente cuando alguien recurre a excusas pueriles para justificar lo injustificable, en que quizás, lo mejor y más franco sería que, directa y abiertamente dijera: ¡No!, simplemente porque no quiero o porque no me da la gana (con el perdón si esto les parece insolente). La franqueza, pura y directa, puede ahorrar, en muchos casos, mil explicaciones.

“El diez del padre”. Un tercer cuento de ella, que también acostumbro usar a veces, es el de la mamá que, cuando iban para misa, le da un diez a su hijo para que lo eche de limosna cuando pasen el platillo, y de una vez, le da otro, para que se compre un helado. Cuando habían avanzado unos pasos, al chiquillo se le cae una de las monedas, y rodando ésta por el caño, cayó a la alcantarilla. De inmediato, el chiquillo exclama: -“¡Qué salado el padrecito!”. Muchos años después aprendí que en ese simple cuento se encierra un importante concepto económico, el de la fungibilidad del dinero y me sirvió muchas veces para explicar a mis alumnos algunos conceptos fiscales, como el de la discusión que se ve actualmente en los medios, sobre si, el no gastar los recursos presupuestarios de un período fiscal, puede considerarse un desperdicio, especialmente si una parte está financiado con deuda.

En abril de este año, Rafela cumple 12 años de su partida. Pero dejó en el pueblo costarricense un legado que, siento, no se le ha reconocido lo suficiente.

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  1. #1 por Carlos Calderón Rodríguez el 29 enero, 2011 - 12:08 PM

    ¡Excelente, Dennis!

  2. #3 por Mercedes García Retana el 29 enero, 2011 - 10:51 PM

    Dennis: muchas gracias por compartir tus artículos con mi persona, vieras que Rafela era uno de mis personajes favoritos y sobre todo porque cumplíamos años el mismo día, el 26 de abril.Te felicito por esa capacidad de plasmar en el papel tus ideas, un fuerte abrazo, Merce.

  3. #5 por Ma de la Paz Zumbado Granados el 2 agosto, 2012 - 12:16 AM

    Mi hija me envió esta dirección y me dediqué a leerlo con especial empeño debido a que compartí con Doña Carmen momentos muy especiales, le agradezco en lo personal que Usted dedicara su tiempo a escribir sobre ella y sus ocurrencias tan particulares. Sin duda fue y sigue siendo una persona que dio aportes valiosos en muchos campos, sirviendo no solo de entretenimiento sino dándonos su vasta experiencia y su capacidad de destacar aquello que nos identifica como costarricenses, de una forma sana y como dice usted, sin groserias ni chistes de mal gusto u obsenos, pues no necesitó de eso para hacer reir con muy buen humor a todos los ticos, en sus programas de radio, teatro y/o en televisión. Representando a los familiares de Rafela, agradezco sus palabras.

    • #6 por Dennis Meléndez Howell el 12 agosto, 2012 - 8:46 PM

      Aunque nunca departí con ella, si disfruté muchas de sus presentaciones y, desde luego, sus programas de radio y luego de televisión.

  4. #7 por javier el 12 agosto, 2012 - 4:03 PM

    Carmen Granados nuestra gran Rafela. Inolvidable.

    • #8 por Dennis Meléndez Howell el 12 agosto, 2012 - 8:39 PM

      Así es. Muchos crecimos con sus chistes e historias. Aún hoy, conservo y uso muchos de sus dichos.

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