¡Adelante, doña Vina!

Dennis Meléndez Howell
2 de enero de 2011

A mediados de 1959, fui abruptamente desarraigado del ambiente campesino en que me había criado y, trasladado a la, para mí, agresiva zona urbana, a Barrio México. Y es que, a principios de los 50, todavía el sur de Paso Ancho del Río Tiribí se podía considerar zona rural, donde abundaban los potreros y las fincas, y uno podía ir a bañarse a las pozas del Jorco o el Tiribí y a robar naranjas y mangos en los predios cercanos, incluyendo los del lado de San Rafael Abajo.

En julio de ese año, fui matriculado en la Escuela República Argentina. Viniendo de una escuelita pequeña de pueblo, esa se me hacía un verdadero monstruo de cemento. Fui asignado al III-B, de la niña Yolanda Rucabado. Al principio, debo haber mostrado un comportamiento aún más huraño de lo que usualmente tengo, producto del shock cultural que me tocó experimentar, lo que me hizo abstraerme un poco del ambiente y, simplemente limitarme a escuchar, callado, las nuevas experiencias que pasaban a mi alrededor.  

En uno de aquellos primeros días, sucedió una situación que quedó grabada en mi memoria para siempre. Alguno de los compañeros preguntó algo, a todas luces indiscreto, a la maestra o que, al menos, sonó como chismografía. De inmediato, uno de los compañeros reaccionó con una actitud burlona, y dando unos golpecitos sobre la mesa, como quien toca una puerta, le espetó: ¡adelante, doña Vina! Aquello causó hilaridad generalizada, mientras la maestra, tratando de disimular su risa, mandó a callar a todos, como diciendo, ¡cállense, que las paredes oyen!  Siendo nuevo y tímido, ni siquiera me atreví a preguntar detalles.

La frase, ¡adelante doña Vina!, progresivamente se fue convirtiendo en un dicho rutinario, primero, a nivel de escuela y, luego, en todo el Barrio. Cuando lo escuchaba, mi mente lo asociaba con aquella experiencia inicial.

Poco a poco, fui armando el trasfondo del asunto. Me enteré mucho tiempo después que doña Vina era una señora que vivía en una casa verde, de corredor y ventanas arqueadas, que quedaba cerca del cuerpo de bomberos de Barrio México. La señora tenía reputación de fisgona y cuentera, a quién todo el vecindario le tenía cierta aprehensión. Se decía que todo lo andaba averiguando y, como parte de su actividad social, era propensa a compartir la información comunitaria y, hasta personal, de todos los vecinos. Esto hizo que su fama de murmuradora corriera por doquier.

Debo reconocer que, quizás lo que se decía de ella fue exagerado, aún más, por la maledicencia pública y por la chota que se hacía con el famoso dicho.  

Con el tiempo me enteré que, parte de su notoriedad, se debía a que se pasaba metida en la iglesia, cuando la Santísima Trinidad todavía era apenas una capilla pequeña, de torre cuadrada y cúpula piramidal. Ella era mano derecha del padre Arié, pues no solo ayudaba a organizar los grupos de catecismo, sino que, en toda actividad de semanas santas, fiestas patronales, etc., allí estaba metida doña Vina. Se destacaba en todas las ferias, rifas y ventas de comida pro construcción de la iglesia.

Desde luego que, habiendo tenido una hija en la Escuela Argentina, no estuvo ausente de las actividades escolares, en donde, diríamos hoy, tuvo siempre una actitud de liderazgo. Además,  en la época en que llegué a esa escuela, no era raro encontrarla por los pasillos, pues, entre otras virtudes, había sido, recientemente, maestra de catecismo de algunos de mis compañeros.

Muchos años después, la fama de doña Vina y su, “¡adelante doña Vina!” se extendió a todo el país, y llegó a ser de amplísima difusión cuando Carmen Granados (Rafela) creó su programa “Vineando con doña Vina” en Radio Monumental. Una prima de mi madre, quien vivía por ese sector, contó que, cuando doña Vina se enteró que fue ella quien inspiró ese personaje, se acongojó muchísimo y hasta entró en una profunda depresión. Ya no se le veía asomada a la ventana de su casa, ni sentada en el corredor, como lo hacía en otras épocas, según decía  la gente, “para estar vineando”.

Ese programa radial dejó la falsa impresión de que el vocablo había sido acuñado por Rafela. La realidad es que simplemente lo recogió de la que ya era una tradición popular.

Hoy, los términos binazo (1. m. C. Rica. chisme (‖ noticia que pretende indisponer)); y, binear (1. tr. C. Rica. Fisgonear); aparecen muy orondos en el Diccionario de la Real Academia. Tristemente, quien suministró la información a los académicos, a todas luces no conocía esta historia, pues lo registró con b, y no con v, como hubiese correspondido al derivarse del nombre propio Etelvina, que es la ortografía que se usa en Costa Rica.

Más de cincuenta años después, al ponderar las virtudes y defectos de doña Vina, hay que reconocer que fueron mucho más las primeras y que la contribución que dio al desarrollo comunitario del Barrio, fue grande.  Sirva esto como homenaje de desagravio y agradecimiento para doña Etelvina de Avendaño.

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  1. #1 por Mario A Esquivel el 3 enero, 2011 - 4:58 PM

    Ahora con tu estupendo articulo me aclaras esa duda que tuve de joven cuando alguien me comentó que doña Etelvina de Avendaño fue la que dio origen a Doña Vina. En aquel momento ni lo crei ni no lo deje de creer.Recuerdo su casa y a ella vagamente como señora de iglesia, cuando ibamos a misa de 12 m, a las “extensas” misas del Padre Arie. Por cierto que alguien se lo debio de haber dicho -lo de largas misas- porque en un sermón, bastante molesto, increpó a esos malos cristianos que no podian dedicar una hora, de las 168 que tiene la semana, a Dios.
    Por el frente de la casa de doña Vina pasabamos papá , mamá, Ana y yo comiendo aquellos famosos ravioles del Mexico Bar, donde papá habia pasado despues de misa a tomarse una cervecita dominguera, antes del almuerzo. (Conste que no es un vinazo!) ja ja

    A lo mejor los de la real Academia no quisieron poner el verbo “vinear” con v como debiera escribirse , para no confundirlo con la misma palabra que, al menos en Argentina quiere decir, a lo pueblo, tomarse un vino.

    Saludos

    • #2 por Dennis Meléndez Howell el 4 enero, 2011 - 9:10 AM

      Gracias Mario,

      Efectivamente, esa fue una experiencia personal y así como lo cuento, así fue.

      Lo de vinar o vinear, todavía el DRAE no registra ningún argentinismo, como sí registra el costarriqueñismo. Lo único similar es ´binar, 2. tr. Hacer la segunda cava en las viñas., y también con b. Parece que los académicos de acá hay sido más ágiles que los argentinos.

      Saludos,

      Dennis

  2. #3 por Victor Morales Villalobos el 3 enero, 2011 - 5:43 PM

    Caramba Dennis! no tenes idea como me he entretenido con tu anecdotario. Felicitaciones! solo vos sos capaz de algo0 asi.

    Aprovecho para desearte a vos y familia mucha salud y los mejores deseos de que en este 2011 tengas muchos exitos profesionales y personales.

    Un gran abrazo…Victor

    • #4 por Dennis Meléndez Howell el 4 enero, 2011 - 9:11 AM

      Gracias Víctor. Tengo varias anécdotas en camino, pero me toma su tiempo, pues siempre trato de investigar lo más que puedo, lo que incluye consultas a diferentes personas para verificar las historias.

      Saludos y feliz año.

  3. #5 por Carlos Calderón Rodríguez el 4 enero, 2011 - 7:45 PM

    Excelente contribución, Dennis. Nos recordás ese aroma del Barrio que tanto añoramos.

  4. #6 por Pablo Mateo el 4 enero, 2011 - 8:38 PM

    Dennis, muy agradable sus escritos, me he deleitado leyendolos. Gracias por enviarmelos, el de doña Vina, es fantastico que sólo sucede en la provincia. Y lo mejor de todo es lo bien narrado. Da gusto leer lo bien escrito.

    Hasta pronto Dennis, abrazos a la familia.

  5. #7 por Miguel Angel Quesada Pacheco el 12 junio, 2012 - 3:07 AM

    Hola Dennis: fui yo quien escribió mal la palabra “vina” y sus derivados, y la RAE cogió mi Diccionario de costarriqueñismos para basarse en la escritura con “b”. Yo corregí esto en la última edición (2007), pero quién sabe cuánto va a tardar la RAE en hacer lo mismo. Por fortuna son muy pocas las personas que la escriben con “b” (según se puede observar en la red). Un cordial saludo.

    • #8 por Dennis Meléndez Howell el 12 agosto, 2012 - 8:55 PM

      Gracias, don Miguel Angel. Efectivamente conocí a doña Vina, como todos los niños y jóvenes de mi época en Barrio México. Aunque hay gente que escribe Etelbina, ella lo escribia (y se firmaba) Etelvina.

      Es un placer contactarlo y saber que ha leído parte de lo que he hecho, simplemente como hobby, que entiendo es el mismo sentido en que usted ha hecho su magnífico trabajo. Estamos a la orden.

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