¡Pura vida!

Dennis Meléndez Howell
2 de enero de 2011.

En los años 50, la identidad popular costarricense experimentó una de las mayores influencias de parte de la cultura mexicana, principalmente a través de la música y el cine. Estas manifestaciones culturales tuvieron mucha penetración en los estratos bajos y medios, y desplazaron radicalmente la influencia que tuvo, en los 40, el cine argentino. Claro que siempre le tocó competir con el cine estadounidense, con las películas de Tarzán, con Johnny Weissmuller, las de vaqueros del viejo oeste, como el Llanero Solitario, los Tres Chiflados y Abbott y Costello, y muchas otras. El cine azteca se consolidó en el mercado local, principalmente en los cines de barrio, con muchas películas que iban, desde las serias de Pedro Infante, María Félix o Jorge Negrete; las de charros, hasta las de los cómicos de la época: Tin Tan y Marcelo, Loco Valdez, Resortes, Clavillazo y desde luego, Cantinflas, que hicieron época en todo el país.

Antonio Espino y Mora, nombre de pila de Clavillazo, caló muy fuerte en la cultura popular, principalmente en las clases bajas. Quizás, su estilo chabacano y pueblerino hizo que se le considerase, entonces, un anti arquetipo, puesto que trasmitía imágenes, lenguaje y cultura que, a la vista de las clases educadas, resultaban excesivamente groseras.

Clavillazo fue el prototipo del pachuco, que se caracterizaba precisamente por su forma de vestir, con saco muy largo y de solapas anchas, pantalones ceñidos en la cintura y muy holgados, camisas estampadas muy coloridas y, sobre todo, por el uso de una jerga relajada y con términos informales acuñados para describir las situaciones o cosas, amén de sus actitudes histriónicas que resultaban chocantes para las personas mayores.

De hecho, a Clavillazo se le considera el padre del pachuquismo mexicano, aunque el  término pachuco, ya era ampliamente conocido en ese país, desde años atrás. De hecho, la principal hipótesis es que proviene de una palabra nahua, “pachoacan”, que significa lugar donde se gobierna, quizás con la connotación de que el pachuco gobierna algo (un burdel, un casino o, por lo menos, su casa). Contrario a lo que muchos piensan, no tiene que ver con Pachuca, capital de Hidalgo, cuya raíz es: Patlachihuacan, lugar de plata y oro.

En Costa Rica, a pesar del rechazo social pero, probablemente como signo de rebeldía, el estilo tuvo mucha acogida entre los jóvenes de la época, quienes empezaron a vestir con ropa holgada y mucho más larga que lo usual, camisas estampadas de colores chillones, pantalones anchos y hasta zapatos de dos colores. Y desde luego, se desarrolló una jerga muy especial, que tenía un uso restringido y limitado a grupos de amigos.

Era de muy mala educación vestirse  o usar términos pachucos en público, pero los jóvenes, especialmente de clases altas, lo fueron imponiendo como actitud de protesta social. Al principio, debían hacerlo a escondidas de los mayores, quienes no dudaban en reprender y hasta castigar a los niños o jóvenes a quienes escucharan usando ese tipo de lenguaje.

Una de las frases más célebres de Clavillazo fue “¡Puuura vida, no máaas!”, la cual repetía reiteradamente en todas su películas. Incluso, una de ellas se llama así, “Pura vida” (1956).  De más está decir que esta frase se convirtió en bandera en el lenguaje juvenil de entonces, y el pura vida, pasó a ser una forma de saludo, extremadamente informal, y casi un grito de batalla.

Como ese término y paralelo a los importados mexicanos, se generó un lenguaje pachuco autóctono. Se crearon términos como maje (tonto); ¡seringa! (expresión de rechazo e incredulidad derivado de “sería engañarlo”); ¡sabe cuándo! (indicación de que no se estaba dispuesto a hacer algo; ¡mírela!, acompañado de la seña, aún hoy considerada vulgar de poner el dedo pulgar entre el corazón y el anular, como simulando un pene; el pollo (para referirse a la novia o novio); ¡zoque! (como sinónimo de apúrese o de apoyo); ¡quíubo! (forma de saludar, contracción de qué hubo); muchos tenquius (muchas gracias); pachucos (para referirse a los calzones o bragas de mujer); y muchas otras. Para los patrones más puritanos, aquellas eran malas palabras. Por ejemplo, decirle maje a un joven, era virtualmente una ofensa (claro que, en mucho dependía del tono y la ocasión en que se usara), pero inaceptable para referirse a un adulto.

Muchas de esas palabras se fueron perdiendo con el tiempo, o se integraron al léxico normal. El término maje sobrevivió, aminorando con el tiempo su carga emotiva, aunque se mantenía latente en las generaciones que envejecían, de manera humorística. El pura vida, aunque mantuvo alguna presencia, virtualmente desapareció en los 60 y 70, probablemente por efecto de la pérdida de vigencia de la influencia mexicana, sustituida por la norteamericana, dominada por el movimiento hippie de la época.

Pero curiosamente, maje y pura vida, empezaron a revivir como parte de la jerga juvenil, en algún momento, en los años 80, y lejos del sustrato cultural que les dio origen. El pura vida adquirió, de un momento a otro, carta de ciudadanía plena, y sin ninguna connotación negativa ni clasista fue rápidamente reasimilada por la juventud. El maje, convertido en “mae”, empezó a ser utilizado de nuevo, no solo por, y para referirse exclusivamente a, los varones, sino también por, y referido a, las mujeres, esto último, quizás, como parte de la liberación femenina.

Hoy, pura vida representa la frase nacional. La que identifica el espíritu costarricense y nuestra manera de ser. Sin embargo, pareciera empezar a decaer, pues ese ser “pura vida” parece haberse convertido en un rasgo negativo, como quien dice, somos el país en que no nos importa nada, y no nos preocupa ver cómo, ante falta de autoridad, ante la corrupción, ante el desorden y la suciedad, ponemos una cara de resignación e indiferencia: ¡Pura vida!

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  1. #1 por fabiana rojas el 3 octubre, 2013 - 2:17 PM

    Excelente, pero muy largo. Este es mi trabajo extraclase.

    • #2 por Dennis Meléndez Howell el 15 noviembre, 2013 - 11:39 AM

      Gracias Fabiana. Quizás tengas razón. Voy a darle una revisión para eliminar partes innecesarias.

  2. #3 por Christian Jara el 4 agosto, 2014 - 12:52 PM

    De la casa pachuca, ¿qué sabes?… ¿Tienes algún texto?

    • #4 por Dennis Meléndez Howell el 13 agosto, 2014 - 1:40 PM

      Te pido disculpas, no comprendo tu pregunta, pues no sé a qué casa pachuca te refieres. Si me aclaras, con gusto trataré de buscar algo al respecto.

  3. #5 por Ana Isabel Herrera Sotillo el 24 febrero, 2015 - 12:29 PM

    Y le agrego a tu frase pachuca: Seringa terri cha tua…

  4. #6 por sarah el 24 marzo, 2015 - 12:00 PM

    de donde sacó esa informacion? de un libro?

    • #7 por Dennis Meléndez Howell el 24 marzo, 2015 - 5:38 PM

      No. Es experiencia propia. Yo viví el cine mexicano de los años 50 y recuerdo, perfectamente, cómo se puso de moda esa expresión a raíz de la película homónima. De hecho, en las casas cultas se prohibía usar la expresión. Por muchos años desapareció del argot juvenil y, de un momento a otro, reapareció.

  5. #8 por sarah el 25 marzo, 2015 - 5:04 PM

    ¿por que cree que reaparecieron esas palabras/expresiones? estoy haciendo un trabajo en la u sobre la jerga costarricense (no soy tica)..por eso le pregunto..gracias por la respuesta.

  6. #9 por sarah el 26 marzo, 2015 - 4:40 PM

    y tambien tengo otra pregunta..¿hay una gran diferencia entre la jerga usada hoy en día versus la jerga usada cuando usted era más joven? ¿cuales son esas diferencias?

  7. #10 por sarah el 4 abril, 2015 - 7:31 AM

    ¿Por qué cree que reaparecieron esas palabras/expresiones? Estoy haciendo un trabajo en la U sobre la jerga costarricense (no soy tica)..por eso le pregunto..gracias por la respuesta.

    Y también tengo otra pregunta..¿hay una gran diferencia entre la jerga usada hoy en día versus la jerga usada cuando usted era más joven? ¿cuales son esas diferencias?

    • #11 por Dennis Meléndez Howell el 10 mayo, 2015 - 1:06 PM

      Gracias Sarah. Mis disculpas por mi demora en la respuesta. En realidad hay muchas palabras que aparecen en las jergas populares y rápidamente pasan de moda. Algunas de ellas nunca vuelven a aparecer, como el caso de “seringa”, “tijo” (menstruación), concho (grosero o malintencionadao), etc. Pero otras, como es el caso de maje (que reapareció como mae), varas, son rescatadas por gente joven que casualmente se las encuentra o las oye de alguna persona mayor y le parecen simpáticas. En otros casos, como chunche, son palabras que se mantienen en la jerga por varias generaciones y hasta llega a integrarse al diccionario de la Real Academia (chunche, varas, vinear, aunque este último con error ortográfico como binear).

      Nos decía nuestro profesor de Español, en la Universidad de Costa Rica, don Isaac Felipe Azofeifa, que la lengua es un ser vivo. Por lo tanto va evolucionando y cambiando. Cuando yo era niño y luego, joven (ya soy un viejo de la tercera edad) la jerga informal (slang) era bastante distinta. Todas las jergas responden a las circunstancias y hechos de cada momento. Por ejemplo, en los 50s, apareció la primera radioemisora que trabajaba las 24 horas del día, y sacaron un lema que decía: “¿Sabe cuándo?… cuando apague Atenea”. Eso fue rápidamente incorporado a la jerga de formas idiomáticas (estoy preparando una larga lista de frases verbales y adverbiales), en el sentido de que, cuando se quería decir a alguien que jamás aceptaría algo, simplemente se le respondía con la pregunta ¿sabe cuándo?. Los humoristas de cada época contribuyen al desarrollo de esas jergas con frases o palabras ocurrentes. Un ejemplo de eso era la expresión “líbranos Tulón”, con lo cual se daba a entender que reprobábamos alguna acción o situación. Esta fue introducida por un humorista cuyo seudónimo era Rafael Aguilar. Conforme evoluciona la tecnología o las costumbres, muchas formas idiomáticas (idioms) o palabras se desarrollan a la luz de las cosas nuevas. La más reciente que he visto desarrollarse por un simple vídeo de Facebook es “pegando porte y vara”.

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