¡La pura chapa!

Dennis Meléndez Howell
21 de octubre de 2010

Chapa es el nombre que se da en Costa Rica, y en otros países centroamericanos, a las corcholatas o “crowncorks” (que ya no deberían llamarse así pues el corcho que antes usaban tener, a manera de empaque, fue sustituido por una lámina de plástico) o, simplemente como las llaman en otros países, tapitas, y que se usan para cerrar las botellas de gaseosas o cervezas.

En los 50 y años anteriores, cada familia o negocio, principalmente en el campo, tenía que disponer de sus propios desechos, pues no existían servicios de recolección municipales. Por esto, era común que, en alguna parte del cerco, se hiciera un hueco de profundidad respetable para depositar allí la basura.

Con todo, no se puede decir que el problema de contaminación ambiental por estos desechos fuese importante pues, por una parte, la densidad de población era baja y, por otra, las cantidades de basura per cápita eran también bajos. En ese entonces la mayor parte de los productos de consumo no se vendían en sofisticados empaques, pues prácticamente no existían los plásticos y mucho menos las latas de cerveza. El consumo de productos enlatados (como leche Klim, avena Quaker,  aceite  Salat, las sardinas y frutas Del Monte y cosas por el estilo), provenientes del exterior era aún moderado y, además, las latas las utilizaban las señoras para los siembros. Las latas de manteca (hechas de hojalata con capacidad de 50 libras), eran muy apreciadas para almacenar y traer agua en épocas de escasez, o para preparar los tamales navideños.  Lo demás eran desechos biodegradables.

Pero lo que ya empezaba a asomarse como un incipiente problema de contaminación era el exceso de chapas, dado el floreciente consumo de cerveza y refrescos gaseosos (a los cuales, genéricamente se les llamaba kolas). Estaban bien consolidadas las cervecerías como la Traube (que producía la cerveza Pilsen) y la Ortega (Imperial). Existían otras cervezas, como la Selecta, la Gambrinus o la John Bull, pero su consumo era muy limitado. Los refrescos de La Cruz Blanca y de La Navarra y algunas empresas transnacionales que empezaban a penetrar el mercado, como la Canada Dry, la Orange Crush y la Old Colony (estos últimos pertenecientes a la misma empresa) ya empezaban a ser una fuente abundante de contaminación, no por las botellas, sino por las chapas. Por esa razón, éstas abundaban en los basureros de las cantinas y, hasta, rodaban por las calles, eran las chapas. Eran toda una molestia.

Pero para los chiquillos, quienes a falta de juguetes sofisticados, recurríamos siempre a cualquier material de desecho para entretenernos, las chapas eran un implemento muy apreciado. Para eso recurríamos a los susodichos basureros de las cantinas, de donde sacábamos la cantidad que necesitaramos. ¡Éramos verdaderos buzos!

Servían como ruedas para los carritos hechos de tucos o como moldes para partir las hojas de güitite y simular que eran galletas. Pero la mayor utilidad se les encontró para elaborar los “run-run”. Para esto, se extendían y aplastaban las chapas con un martillo y se afilaban en una piedra de mollejón. Se abrían dos huecos en el centro por donde se pasaba un pedazo de manila, que se ataba en sus extremos. Luego se tomaba cada extremo entre los dedos pulgar e índice y se le daba todas las vueltas posibles (hasta que la presión hiciese que dolieran los dedos). El juego consistía en halar rítmicamente los hilos de modo que la rueda afilada girara muy rápidamente. Se enfrentaban dos jugadores, cada  uno tratando de cortar la manila del otro jugador. Quien primero lo lograra era el ganador.

Pero luego los adultos empezaron también a encontrarle utilidad a las chapas. No faltaba quien hacía adornos para las paredes de su casa, a veces en forma de letras, otras en un intento de insinuar figuras de diverso tipo y hasta para rótulos comerciales.

Un uso muy popular en el campo en los años 50 era hacer felpudos de chapas, pegando un número suficiente de chapas con el filo hacia arriba, pegados con clavos sobre una pieza de madera. Estos se colocaban a la entrada de las casas, para que, en el invierno, cuando la gente llegaba con los zapatos llenos de barro, pues los caminos rurales eran de tierra, pudiese limpiar las suelas. Es claro que, limpiarse los zapatos en felpudo de estos era bastante tosco y hasta grosero. De aquí surgió entonces la especie de referirse a una persona como “la pura chapa” si era alguien hosco, ordinario o poco elegante.

Quizás el uso más importante era para los juegos de tablero, al que en otros lares se le llama “juego de damas” o checkers. Sobre una tabla se dibuja un tablero (como el de ajedrez) con 32 cuadros negros intercalados con cuadros vacíos (o blancos) y, sobre él, se ubican 24 chapas. Las 12 de un jugador para arriba y las del otro para abajo. En consecuencia, a este juego se le llamaba simplemente “chapas” (¡Vamos a jugar chapas!). Como las chapas eran tan abundantes (lo que los economistas dirían: un bien libre), no faltaban los jugadores  que hacían trampa, simplemente, de manera disimulada, sustituyendo, en el primer descuido de su oponente, las chapas que ya les habían “comido”. De aquí surgió la expresión, aplicable a otras situaciones: “alguien está jugando chapas”.  Por ejemplo, cuando se supone que alguien ha hecho algo irregular de manera subrepticia para inducir a error a otras personas se dice que ese fulano está jugando chapas. O bien, si presentimos que alguien está haciendo algún tipo de manipulación de cualquier clase, se dice “¡me parece que alguien está jugando chapas!”.

Pero con el tiempo, esta expresión amplió su sentido. Alguien era la pura chapa si era una persona poco colaboradora, inútil o que le gustaba sacar el bulto a las tareas que se le encomendaban.

En años más recientes, quizás durante los noventa, se acuñó otro término relacionado con lo mismo, pero en una acepción distinta: chapa. Una persona es chapa o muy chapa, si es torpe. Entonces, se le usa a manera de recriminación y hasta de insulto: ¡no seas chapa!, o simplemente ¡chapa!

Sé que estas divagaciones son la pura chapa, pero les aseguro que no intento jugarle chapas a nadie. Si salió mal, es simplemente por lo chapa que soy.

Anuncios
  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: