La encarnación de los dioses

Para las civilizaciones antiguas, la razón de existir de cualquier ser era la reproducción (tal como modernamente lo replanteó Freud). Es así como, el acto de la procreación era visto como el más importante de la humanidad. No es extraño, entonces, que en todas las civilizaciones prehistóricas, la mujer era la más importante porque era la única capaz de engendrar en su vientre a los hijos. Estas civilizaciones veneraban la maternidad como un acto divino, y por tanto, sus dioses eran figuras femeninas. Hasta 3500 años antes de Cristo no existían dioses personificados como varones.

Uno de los mayores temores que podía tener una mujer era el ser estéril. Existen numerosos relatos de mujeres que siendo estériles lograban concebir, lo que al final, era visto como una bendición de los dioses. Dentro de los relatos bíblicos abunda este tipo de situaciones.

Sara, estéril, esposa de Abraham, le impulsó a tener relaciones con su esclava Agar para poder tener un hijo (Ismael). Las dos hijas de Lot embriagaron a su padre para tener relaciones con él y poder concebir. Tamar, esposa de Er, primero y luego de Onán, al no poder concebir, se disfrazó de prostituta para quedar encinta de su suegro.

Las mujeres, supuestamente estériles, que llegaban a quedar embarazadas, eran consideradas un prodigio divino y sus hijos, personajes notables. Y muy pronto, a los personajes notables se les empezó a tejer historias relativas a su concepción. Este es el caso de María, la madre de Jesús, a quien, según la tradición (pues no aparece en ninguno de los evangelios canónicos) fue concebida en Ana, esposa de Joaquín, a pesar de ser estéril.

 

De estas historias, fácilmente, se pasó a las que tejían leyendas acerca de mensajeros celestiales que anunciaban el suceso a los progenitores. A Ana, un ángel del señor le anunció que quedaría embarazada.

En China, un mensajero de dios anunció a la madre del emperador Ching Nung que quedaría embarazada. Lo mismo sucedió con la del emperador Siuen-Wu-ti. En general, en China se llamaba Sing-Niu (nacido de una virgen), a los así llamados hijos del cielo, porque sus madres, siempre vírgenes eran concebidas por el poder del Tien (cielo). El emperador Wang-Ting fue concebido por una luminaria que se posó sobre el vientre de su madre

En Japón existe una leyenda similar, respecto al nacimiento del emperador Sotoktaïs. En Irlanda, un mensajero celestial (ángel) anunció a la madre de Stanta que tendría un hijo que sería la encarnación del dios Lug. Lo mismo sucedió a la madre de Vishnú en la India; a la de Apolunio, encarnación del dios Proteo, en Grecia; a la de Zoroastro, en Persia.

En Egipto, el mensajero Thot anunció a la reina Maud que tendría un hijo del dios supremo Amón. Y una que se hace muy similar a la historia cristiana, el mismo Thot anunció a la reina virgen Mutemuia, esposa de Tutmés IV, que sería fecundada por los dioses, y que su hijo sería el faraón Amenofis III. Entonces, el dios Knef, que era la fuerza creadora del mismo dios Amón (similar al Espíritu Santo cristiano) fecunda a Mutemuia, bajo el aspecto de Nouf con la diosa Hator (¿se parece a la Trinidad cristiana?)

Una leyenda caldea relata que el rey Gilgamesh (2650 AC), nació de una virgen (hija del rey Sakharos), fecundada por el dios supremo Asmas, que se le apareció en forma de un rayo de sol.

En Grecia, existió la misma historia, en el caso de Perseo, quien fue engendrado en el vientre de su madre virgen Danae por Zeus, quien se le presentó en la forma de una lluvia dorada.

El rey tártaro Ulano nació de una virgen, por obra de los dioses.

El famoso fundador del imperio mogol, Gengis Khan, fue uno de los trillizos engendrados en la virgen Alanzaba, fecundada por un resplandor que le entró por la boca.

Y el mismo tipo de historias se creó para personajes famosos como Pitágoras (570-490 a.C), Platón (427-347 a.C), Buda, Krisna, Confucio y Lao Tse, todos los cuales, según sus seguidores, nacieron por milagro de la fecundación divina de una virgen.

Y casi todas ellas, uno o más siglos anteriores a la concepción y anunciación de María. Los judíos tuvieron conocimiento de todas estas leyendas (recuérdese que los judíos fueron esclavos de loa asirios, los mesopotámicos y los egipcios). Así es que no era de extrañar que estas leyendas fuesen bien conocidas entre ellos. De hecho, la encarnación de Jesús es una duplicación del relato bíblico de la historia de Sansón. También aparece en las historias de Samuel y de Juan el Bautista.

Todas las religiones principales (budismo, confusionismo, taoismo y cristianismo) incorporaron el mismo mito de fecundación divina de una virgen por parte de algún dios.

Un padre agustino llamado Giorgi se fue al Tibet en el S.XVIII a convertir a los budistas, estos le contestaron: “¿para qué nos vamos a convertir si  nuestro dios, como el de ustedes, bajó del cielo, nació de una virgen, murió para redimir el género humano y resucitó al tercer día; y además, el nuestro nació más de mil quinientos años antes que el de ustedes?” Es obvio porqué el cristianismo nunca ha podido penetrar el budismo.

Las historias tejidas alrededor del nacimiento de Jesús podrían ser un reciclaje o una adaptación cultural de todas aquellas historias. Los evangelistas cristianos fueron contradictorios en los aspectos esenciales de la concepción y nacimiento de Jesús.

Mientras Mateo cuenta la historia de que un ángel se apareció a José en sueños y le contó que María había sido preñada por el Espíritu Santo, Lucas dice que un ángel se presentó a María y le anunció que sería fertilizada por el Espíritu Santo, y una vez que ésta dio su permiso, se llevó a cabo la concepción, presuntamente por el mismo ángel Gabriel. 

Tampoco concuerdan (a pesar de ser “palabra de Dios”) sobre la fecha del nacimiento. Mientras Lucas hace referencia al censo romano de Judea, que ocurrió en los años 6 y 7 d. C, según lo relata Josefa; Mateo lo ubica hacia finales del reinado de Herodes el Grande, quien murió en el año 4 a.C, o sea que Jesús habría nacido entre los años 7 a 5 a.C. ¿Cuál de las dos fechas es la correcta?

La respuesta estándar a este tipo de cuestionamientos es que los evangelios no hay que verlos como un libro de historia. Pero, cabe preguntarse, ¿hechos tan fundamentales para la teología cristiana deberían haber sido escrito tan sin cuidado, o incluso pasados por alto?  Ninguno de los dos evangelios restantes (Marcos o Juan) mencionan absolutamente nada de un suceso místico que supuestamente es la base del cristianismo. O no les pareció algo importante o no se lo creyeron.

Desde luego que nada de lo anterior quita ni pone un ápice a las enseñanzas cristianas, en lo que se refiere a moral y principios básicos de la convivencia humana. Pero sí nos debe alertar sobre las pretensiones sectarias de tratar de sostener leyes arcaicas con base en supuestos principios inamovibles derivados de la Biblia.

 Basado en Pepe Rodríguez “Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica”. Ediciones Grupo Z, 1997 y en Ana Martos “Pablo de Tarso, Apóstol o Hereje?, 2008.

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  1. #1 por taher faraj el 19 enero, 2012 - 9:56 AM

    El articulo no tiene desprecio. Son hechos historicos confrontados con las creencias biblicas. Muy bueno

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