Nuestro segundo idioma

Tomado de Radio 800, AM, de Costa Rica

Pachuco otroA continuación van a tener el privilegio de escuchar más de 100 palabras de este nuestro segundo idioma: el pachuquismo costarricense.

Este idiomita, mis queridos compinches, que al ratón Pérez van a orejiar, nace crece y se reproduce en los tabos, ¡is!, ahí donde se come rancho, donde la vara de verdad se pone furris, donde se acuna la miseria, el dolor y la amargura, donde te acuestan sin previo aviso, donde todo es vano y fútil, ¡is!, somos nosotros las pintillas, las pirañillas y principalmente los legítimos carn´e tabo, que le heredamos a ustedes este segundo idioma

– Oigan mis compitas, ¿ya se destaparon que estoy hablando solo gud, a mis parrocos?, su avena Quacker que ya casi los punteo, no ven que esta terapia vale un harinón.

– Bueno, no me atrasen, sigamos

Como les iba jetiando, por supuesto que los grandes letrados de la singüeso española y la clase Burger King difícilmente articularán palabra alguna, aunque casi conozcan y mastiquen en su totalidad la cinta del pachuquismo.

– ¿Tal mi amor? Esa motilla estaba solo calidad, me tiene bien inspiradito.

Voynas… por otra parte la clase media alta y de ahí para joba, ¡sea tooonto, qué!… a los rajaos nos podemos terapiar de tú a tú con ellos, más bien que si no nos avispamos nos dejan güey. Imaginate que las chillasqui de los coles y la U parecen al león Melquiades, hasta que se chupan los bigotes con nuestra parla. Y no es vara, que con ese cuentico, cuando nos damos tacuen, las estamos ligando. Es más, dejenmen decirles algo, mis galanes, que si entienden la mitad del pequeño diálogo que a continuación van a escuchar, van por buen camino.

Y si lo entiendes todo ya eres un master del segundo idioma costarricense. Este es un chasco raro que le ocurrió a un compita. Es cachorrito pero pura chustefis. Esperamos sacarle el menudo, las tres coras y hasta de a perdido, una risotada. El rai dice así:

– Artista, cegame aquí un toque, ¿teus me dejaría contarle una ra-va.?

-Pues claro, vengo de comerme un canazo, de diez vueltas y estoy de Bagaces a Liberia. Claro que yo soy todo orejas. Eso sí, me estoy quemando y estoy como el cuchillo´e Tarzán. Invíteme a un yodito, una carioca, deme las tres de ese garro, y suelte el cortometraje que a mi nada me atrasa.

-Ok, ahí le voy.safe_image

¡Figurate que vengo del barrio de los ñatos, pues andaba dándole el último adiós a un palmillo quihubo en el barrio. Super agüevao, porque el compita era tuanis, pero más agüevao por la vergüenza que me hicieron pasar estas yoyas, pues con el baldazo de ayer y la tremenda luna de hoy, empezaron a soltar una mortandá que era como andar dos ratas muertas en los troles, lo que ocasionó que todo el mundo me enjachara y me dieran color, así como en la Grin. Eso me pasa por no hacerle caso a la manteca, ya ella me había dicho que esas ruedas no pasaban Riteve y que además ya estaban muy kilometriadas, que las tirara al baúl de los recuerdos.¡Ah, pero no, insistió el jetas!

Bueno, la cuestión es que llego al chante buscando a Anabel, esa es miñao, que es mitad anaconda y mitad cascabel. Al no encontrarla me dije: voy a darle un guatazo, ahorita debe caer la gema. Y como venía filoso, de súbito me fui a raspar las ollas, me serví un poco de jama y me mandé rico y sabroso, y cuando estaba como las vacas, presto a echarme un rol, ¡no me cae un locazo, armandome el tráido, así de jetera!, mae, así como dicen, sobre las olas del mar, ceñido el man, con ganas de espantarme la cerda.

– Pues ¿cómo así?

– Sí compita , así ¡a puro pichel.

Y no, eso no es nada, ¡traía una estaca que ni pa que le cuento, compaire!.

Y qué mae, ¿teus no se le puso la leva?

Aro, yo estoy pellizcao buscando el fierro también pero de seguro la roca lo había engaletado. No ve que ella sabe que cuando este parroco se le mete la guata se vuelve camote y para darle güey a cualquiera son memontos y que no me le arrugo ni a micifuz.

– Compita qué ofe, y ¿cómo se lo quitó? –

Diay, solo Chus, la cinta era que yo no tenía escapatoria, o sea, no podía jalar de pinta por ningún lao ¡y desarmao!

– Oiga, compay qué güena pieza esa que está sonando. ¡Arrele poüer a esa piecita, paire!

– Bueno mae, no se la abuse, no ve que estoy aquí en la terapia con el hombre, ¡bájele!, bájele un poquito a esa nota.

– Y ¿qué mae? –

– Diay güevón, y yo dije, aquí entregué las pálidas, y cuando ya casi tiraba la toalla, el mae se apianó.

– Cómo, ¿se apianó? –

– El chavalo dejó de jeteriarme, bajó el fierro y dijo: “manda güevo, mae, me la cuairaste”. –

– A su habitel todavía un poco alterado, me acerqué y le pregunté: “Aclaráme la jugada Tosti, porque aún yo estoy detrás del lopa, y no me cae la cora.”

– ¿Cómo, que yo se la cuairé?-

– No jodás, no te hagás el soviético. A mí me santiaron de que su estampilla me está robando pasto con la lagüi, cuando yo jaleas de guayaba para el brete, teus cae de precarista, es la yarda. Además que cuando ella va a la pulpe del nochi, teus no cesa de hacerle números a esos borregotes y que al descaro todavía le decís “¡Mami, no lo maneje, maltrátelo!” En fin, que es una jauría de rodwillers que pasás echándole que no es jugando.

Sabe qué loco, vaya a ver que tuco raspa y agarre cualquier historia, que yo ya me enfierré también. Venís aquí sacando pecho y agarrando un chorro de pedos como si esa mae fuera la última chupada del mango, que u y que a, no jodás, poniéndote espeso cuando yo a esa chamaca nunca le he volao retina y mucho menos echarle el ruco. Y vos me venís con esa pirueta, ¡según vos a apantallarme!

– Sabe qué mae, mejor ábrase en el pálido de una uña, porque ahora soy yo el que está encanfinao y pa escamparlo son micras de segundo, y pele el ojo porque ya se compró una bronca pestífera. –

– ¿Y qué hizo el compa? –

– Yo no sé, en ese momento estoy como agua pa chocolate tirando el tapón y a punto de darle por la maire, mae. Pero vieras que rai más raro. De pronto el parroquiano se desarma, tira el chuzo al suelo y ¿no me comienza a soltar el violín, el hombre? –

– ¡Qué gacho, mae, ¿se puso a mariquiar?

– ¡Claro!

– Y teus, ¿qué hizo?

– Qué, ahí quedé listo pa la foto. No ve que esas varas lo bajan a uno del avión. Como dicen, se le cae el sistema. Se me ha puesto la necar de llinaga y no sabía qué decir. Al final se me prendió el foco y me achanté a terapiarlo. Pero ¡qué va!, el galgo de algo sí estaba seguro, que la mae le andaba dando tanda con alguien y estaba ceñido en otra vara.

– ¿Qué vara compa?

– Quería echarse a la cabra! Así a los jusgos.

– ¡No sea looolo!, pero ¿por qué así?

– Yo no sé, yo le dije, dele los veinte y ábrase, uno solitario en la llanura está más pura vida.

– Pero qué va, el mae estaba en el plan de palmarla.

– O sea, olía a quemao esa vara.

– A quemao, a lirio y a nicho. La salvada fue que como vos sabés, los vinas están a flor de tierra y la sarta que estaba tirándose los toros, llamó a la pupa. Y en menos de cinco minutos cayó también don Eloy.

– Gracias que un tombillo que andaba ahí, que es un gran tapis, me reconoció y me dijo: usté quédese calletano la bocina que el que va ofe es el compa.

– ¿Y qué hiciste?

– Nombe, jalé pa la mejenguita que se arma en el bajo, solo calidá. Todos son buenos pa volar biscocho y sacar la dientona, pero se pasa el rato.

– Y qué, ¿después de ahí qué?

– No, ya un poco carretoniao jalé un ratn pal bar de Luisillo a echarme un par de espumositas, con unos cuantos peinaditos pa tras, pero ¡qué va! Me fui con dos gargantillas de oro que sabe qué, loco, en menos de dos horas ya nos habíamos bajao como 25 aguiluchas y dos litrones cuatro plumas. Ya un poco turuletes, entre terapias de sabiondos, las rajonadas comenzaron a fluir: ¡qué yo me quié a King Kong, que me apañié con 15 y a todos los verguié, que los mejores culos los alzo yo, que las tetas de Ofelia y amada amante. En fin, unas chafas que solo ellos se las tragaban.

De repente surgió la habladita de Juancito, un roquefeler puros dieces, dueño del abastecedor La Barriada a quien me contaron lo aventajaron a pura jacha a plena luz del día en su negocito. Dicen que al roquito se le abrieron con cuatro tucos grandes, así a la ligera, que se puso de jetas, y que en menos que cantó un gallo, lo dejaron como el maestro po, y que los bichillos lo agarraron, le pusieron la máquina en la mollera y que ahí mismo el hombre se fue en motocross y que a lo saecos lo dejaron como un domingo en la sabana, solo pelotas, y que de buen afán no se lo quisieron echar.

– Compai, que ofe una vara desas. Y ¿luego qué?

– A eso de las diez de la nai, ya yo como muela de caníbal, bien picao y medio quisquilloso ¿no me va entrando el amor? Al lado izdaquier de donde estábamos había una mesa con cuatro damiselas. Entre esas trocua había una cabra que siempre me había dao un pelotón, pero yo me hacía el chúcaro porque no me cuadraba, la mae, parecía una bolseleche, no tenía nada de cintura. Pero ese día no sé si por el estado de ebriedad, mi hermanito, yo la vigiaba y le decía ¡pero dónde se escapó esta barbi! Sin pensarlo dos veces me vestí de dandi y de inmediato le metí sentimiento y la colmé de ilusiones. Como la cabra estaba como atacada congomi, al ratico ¡pirin pin pin!, estaba exigiéndola, ¡figurate!, Después de que le pegué dos arrepelladitas suplicaba que le hiciera el daño. Y yo al verla en mi loquera tan quisimorria, lo ácido ya estaba como el burro e´licha. Y en lo que estoy listo pa coronar la misión, no va cayendo un chamaco, estrilándole a viva vos, a la mae, jeteriándola le decía, “tía, cómo se le ocurre a usté a puro traste dejarse güeviar, así, delante de toda la gallada. Adiós mis flores, se acabó quien te quería, se cebó el cartucho y se apagó la vela. Esto ya olía a quemao. Tratando de hacerme el de la vista gorda me fui sombriando por allantas hasta que logré despistarme por completo, abortando y dejando de lao el lance.

– Mi compa, ¡qué derecho teus pa esas hediondeses!

– Así es.

– Y qué, ¿no se fue a echar un zarpecito?

– No, alé pal chanto y fiquiao y al ser ya las triste, buscando nido , ya presto a hacerle muecas al cielo raso me quité la chema, tiré el ruco por allá, me enrosqué, enrulé un poco de orégano, me hice un bastón que en dos toques me puso en Venus, quedando así más cruzao que el saco´e Gardel, y por fin, acabándose un día pelis de mi vida.

– Bueno papi, choque esos cinco, gracias por el yodito y la carioca, yo ya voy directo al sobre.

– Bueno compa, que Chus me lo acompañe. Mirá qué tuanis, ahí viene Chepillo Solano, que despida la jugada, al fin y al cabo es el que nos pone a hacer loco.

“Espero que este pequeño relato haya sido de su agrado. Su servidor profundamente agradecido por su atención. Muchas gracias”

Cara a cara, su mejor elección en programas de opinión. 800 AM.

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