Moncho caca

LetrinasMiriam Esquivel

Antes de los años 60, lo usual era que en todas las casas hubiese escusados de hueco, o letrinas, de aquellos que tenían dos asientos, uno para niños y otro para adultos. En las casas pudientes se daban el lujo, a veces, de tenerlo en huecos separados.

En el campo, cuando la letrina se llenaba, simplemente cerraban el hueco, o los huecos y abrían otro en otro lugar, pues tenían suficiente espacio en sus “cercos”. Pero en las casas de la ciudad eso no era posible pues el espacio era reducido. Por ese entonces no existían empresas como Coservi, que se dedican a limpiar tanques sépticos, con equipos más o menos higiénicos.

En aquel entonces existían algunos labriegos sencillos que hacían, manualmente, ese trabajo… Uno de ellos se llamaba Ramón Hernández, a quien por razones obvias, le decían “Moncho Caca”. 

Cuando los dueños de la casa notaban que el olorcillo se ponía “patión” y los tábanos, o moscas de tórzalo,  abundaban con su ronroneo, sabían que era hora de llamar a Moncho ….

El profesional llegaba con una varilla larga, mínimo 2,30 metros de largo, la metía en el hueco del escusado y así “medía” la cantidad de “desechos” que acumulaba la familia. Ahí mismo “dictaminaba” cuánto valía la labor….Si el dueño de la casa estaba de acuerdo con la tarifa acordaban la fecha, la cual, invariablemente era una labor nocturna, para no perturbar a todo el vecindario.

El problema era cuando el dueño de cas no estaba de acuerdo con la tarifa….Moncho sacaba su instrumento de  medición y recogía, entre el índice y el pulgar de la mano, lo que estaba en la varilla y exclamaba furibundo : ¡ Ah no le parece el precio, pues ahí le queda su mierda!” y tiraba lo que tenía en la mano nuevamente en el hueco….y por supuesto se marchaba.

Si por el contrario se ponían de acuerdo lo siguiente era llegar la noche acordada y como los escusados de hueco estaban dentro de la casa pero al final del zaguán, llenaban el piso de periódicos. Venían en una carreta tirada por bueyes con unos estañones en ella, descargaban unos valdes y a trabajar….claro no sin antes “tirarse” unos buenos tragos de la botella infaltable de guaro de contrabando que traían, él y sus ayudantes, en la bolsa del pantalón.

Casi toda la noche pasaban en esa labor…jalándo baldes que bajaban al escusado con mecates y llevándolos a los estañones de la carreta. Dicen los que los vieron alguna vez en su labor, que a lo último, el caldo de lo que se recogía en los baldes, chorriaba por sus manos y por la botella de guaro y todo iba para adentro por igual…..

En la madrugada se oía la carreta de Moncho caminar despacio con su oloroso cargamento con rumbo al Río Tiribí o al Torres, en donde depositaba su nauseabunda carga y aprovechaba, para lavar los baldes y la carreta……

Esa es la historia de Moncho Caca o don Ramón Hernández…….

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  1. #1 por kathia el 9 junio, 2010 - 2:46 PM

    Esta historia me hizo recordar el escusado de hueco que había en mi casa, más bien en el patio de la casa de mis abuelos, en Zarcero. Cada vez que iba de vacaciones, para mí era una aventura ir a ese sitio, pues me imaginaba mil cosas que me podían suceder en caso de caer ahí dentro. Por suerte, pocos años después, mi abuelo hizo un baño normal, a lo que según yo conocía, pues vivía en San José. Hoy día me encantaría devolver el tiempo y recordar a mi querida abuela Evadina, aquel baño, esa casa, ese cerco: ¡cómo los extraño!

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