Si el Guanacaste no se hubiera anexado…..

Guillermo Barzuna

Árbol de guanacaste, que dio origen al nombre de la Provincia

Árbol de guanacaste, que dio origen al nombre de la Provincia

Las tanelas, el chimeme, el pinto guanacasteco( que es diferente), las rosquillas, la cuajada; son alimentos que el guanacasteco que vive en el Valle central añora..Desde el centro intermontano del país, el meseteño aprecia mas bien el mar, el sol, la gran sabana.

Los mapas del país muestran, al norte ,una franja de terreno que forma una especie de herradura, el lazo sabanero que dibuja la coexistencia de dos pueblos de origen similar. Parte del Guanacaste, Rivas, el Gran Lago Cocibolca y las tierras de Chontales.  Para nuestra suerte, esta región geográfica y cultural se dividió políticamente y el Partido de Nicoya se incorporó al territorio costarricense.

En las décadas posteriores a la anexión del Guanacaste al territorio nacional, el costarricense de la meseta, modosito y huraño, se debió sentir fascinado por lo que esas tierras y esos lugares representaban de reto y de fuerza. Hasta en eso fuimos los ticos endogámicos: el Otro, espejo imprescindible de la identidad, estaba ahí cerca, a la vez fuera y dentro del país. No era tan amenazante como otros vecinos pero se diferenciaba del meseteño hasta en la manera de hablar.

Así, la mentalidad costarricense incorporó rápidamente al sabanero como representante, junto al concho, de una supuesta identidad nacional. Desde el centro, desde luego, se inventó un personaje “hecho a la vida del llano, de carácter levantisco,  aguerrido, audaz” y que, si recibe una ofensa, “no respeta pelo, color, ni tamaño”, como rezan las crónicas.

¿A quién hubiera mitificado la mentalidad nacional si no hubiera estado ahí el sabanero?  Al indio no, porque al parecérsele en la tristeza y el silencio, carece del atractivo de aquella figura romántica. Además, el mito de la supuesta blancura del tico niega al indígena cada vez que puede. Otras regiones y otros personajes se incorporaron mucho más tarde al imaginario nacional, completo ya en lo que a modelos populares y folclóricos se refería.

Además, junto al sabanero venían las comidas, los dichos, las coplas, los bailes. Curiosamente, el meseteño, que siempre ha negado la presencia de un folclor en sus tierras, se asombra anta esta riqueza y se identifica con ella, por lo menos cada 25 de julio. Claro que han surgido interesantes voces, entre ellas la entrañable Emilia Prieto, que siempre alimentó la defensa de signos populares en el Valle central ¡Nosotros teníamos que cantar algo¡¡No éramos afónicos antes de la Anexión del Partido de Nicoya¡

 

Para algunos, Guanacaste  fue tierra de conquista (pero, ¿quién quedó conquistado?) o espacio de aventura. Con el tiempo, el habitante de la meseta fue incorporando esos parajes en el tiempo risueño de las vacaciones. Actualmente, no podía ser de otra manera, como diría Cortázar,  llegaron a ese norte “las hordas de Gengis Cook”, desde las casas rostipollescas con aire acondicionado hasta Meliá y .., incluidos Mel Gibson y, según dicen, Harrison Ford.¿ Estaremos ante una forma cada vez mas frecuente de des-anexar Guanacaste?

Bajo el riesgo de caer en estereotipos, diría que si este espacio no se hubiera anexado a Costa Rica sólo comeríamos tortillas pequeñas. No beberíamos resbaladera ni bailaríamos el punto y tendríamos que buscar otros destinos para las vacaciones. Pero de todas maneras las tortillas las compramos en el supermercado, la resbaladera es sólo la receta de un refresco que engorda y, que yo conozca, nadie baila el punto. Así que no se trata de más uyuyui, bajura y menos güipipía.

 Porque lo que sí continúa vivo es la presencia de esa gente y ese espacio abiertos, alegres, directos. Ahí sigue la divisa altiva “De la patria por nuestra voluntad”, que convierte lo que para todos es una fatalidad histórica en un arresto de afirmación.  Si el Partido de Nicoya no hubiera sido territorio nacional, si el Guanacaste no se hubiera anexado a Costa Rica, seríamos aún más cafeteros, más meseteños, en una palabra, , más ticos?.Que pereza.

 

 

Interesante el artículo, sobre todo porque nos ubica  en términos del aporte cultural que representan los guanacastecos (pues, según cuentas como un dieciseisavo de la sangre de este negro viene de Quebrahonda de Hojancha), no obstante, tratando de ver (como los Tunder Cats) algo más allá de lo evidente, me imagino que el impacto social, en su momento debió ser de una magnitud trascendental y creo que radica allí el más significativo aporte de la anexión y que, me parece, no es bien calibrado, pues el fiel de la balanza se ha inclinado por situaciones más emotivas, sensibleras y folclóricas.

 

La anexión en sí decanta la situación en una elección que marca un hito, es la opción por un esquema social en ciernes, la apuesta de un pueblo por un modelo social específico, que no solamente elevaba la condición en la dirección del manejo correcto del arbitrio social, sino que reforzaba el modelo institucional que proponía la naciente organización republicana costarricense.

 

Es cierto, sin el proceso de anexión de parte de los guanacastecos probablemente seríamos mas agüevados, pero, y más importante aún, creo yo, nuestro orden democrático hubiera sido más endeble pues no habría contado con el espaldarazo político, institucional y cultural que representó tal evento. En este sentido la gallardía y hombría de los guancastecos, muy distante de la actitud timorata de los “cartagos” de la meseta queda manifiesta en lo que dibujan esas “frases emblemáticas”: muy distinto se nos presenta el espíritu inspirador de aquello dicho por Briceño “…de la Patria por nuestra voluntad…”, de lo ya recordado en el comentario anterior de “…esperar a que se aclaren los nublados del día…”

El espíritu inspirador de estas actitudes reflejan todo un sentir y toda una forma de ser y enfrentar la vida que tan folclórica y romáticamente nos describe don Guillermo; pero, repito más allá de lo que percibimos, y de mayor trascendencia para nuestra vida ciudadana, está, creo yo, el “espaldarazo social” que representó el  fenómeno de la anexión en nuestro proceso de conformación de la nación costarricense.

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