¿Cómo reconocer el comportamiento patológico de un líder negativo?

Dennis Meléndez Howell, julio de 1998

El paso más importante para evitar caer en la desmotivación personal, que nos haga sentirnos inconformes, malhumorados y sin ganas de trabajar, es aprender a identificar los líderes negativos, y mantenernos tan alejados de ellos como sea posible. Normalmente los líderes negativos son también malos trabajadores. Lo inverso no siempre es cierto, pues a veces, lamentablemente buenos trabajadores pueden ser líderes negativos, aunque son los menos.

Por lo tanto, para identificar si un líder es negativo, un primer paso es evaluar su calidad como trabajador. Para ello debemos identificar los malos trabajadores, es decir individuos que tienen una serie de malas características, no como reacciones transitorias, como formas de comportarse en un mal día, sino como característica permanente, es decir rasgos que forman parte de su personalidad.

Hay por lo menos cinco tipologías básicas que distinguen a los malos trabajadores. Estas tipologías no son excluyentes, y una misma persona puede caer en varias de ellas. Si son líderes y malos trabajadores, de seguro son líderes negativos, a los cuales hay que mantener tan lejos como sea posible. Hay que aclarar que dichosamente en el Banco, no sin correr un alto riesgo de estar cometiendo un error en esta apreciación, no me parece que exista funcionario alguno que presente este tipo de comportamiento patológico. Pero sin embargo debemos estar alerta, pues nadie vacunado contra ello.

 

Están en primer lugar los que se niegan a producir si no se les recompensa adecuadamente. ¡Qué desagradable es oír a alguien decir que no es creativo o que no quiere aportar nada al buen éxito de la organización, porque está desmotivado, o porque “de por sí para que lo va a hacer si de todos modos nadie va a apreciar el esfuerzo. Peor aún, los que se esconden en la falta de incentivos, especialmente pecuniarios!. Eso es poner la carreta delante de los bueyes. Todo buen funcionario hace su mejor esfuerzo sin esperar la alabanza, o el reconocimiento público, y mucho menos para ganarse una promoción. Lo más importante es sentirse bien con lo que uno hace, y tratar de motivarse. La primera recompensa deben ser siempre propia satisfacción de sentir que se está haciendo las cosas bien. Lo demás, tarde o temprano vendrá por añadidura. Téngase la seguridad que el buen funcionario, honesto y trabajador (un poco de inteligencia no cae mal, pero no es indispensable) nunca pasará desapercibido.

Otra tipología es la de los promotores de sí mismos. Es muy desagradable el funcionario que pasa dándose autobombo y comentando lo buen trabajador que es, hablando sobre su inteligencia, y sobre todo vanagloriándose de lo indispensable que resulta para la organización. Casi que la empresa pende de él o ella. Con contadísimas excepciones, detrás de esa careta se esconde un trabajador poco dedicado, quizás torpe, un poco o muy vagabundo, y generalmente acostumbrado a nutrirse más de las ideas ajenas que de las propias. Su productividad efectiva es muy baja. Cuando por alguna razón este funcionario queda al descubierto, reacciona con exabruptos, escudándose en la falta de estímulos o en el hecho de que sus jefes son tan inútiles que han sido incapaces de apreciar sus verdaderos dotes.

Una tercera tipología es la de los “chupamedias”. Son aquellos que como dice el tango “cuidan sus zapatos andando de rodillas”. Cuando encuentran un campo fértil para su incondicionalidad, se sienten realizados. Pero ¡ay de aquel superior que no sepa apreciar su proclive fidelidad!. Entonces este tipo de funcionario será el primero en levantar la bandera de la rebelión, la discordia, la inconformidad, intentando ganar adeptos para su causa de desaliento.

Una cuarta tipología está integrada por aquellos para los cuales siempre todo está mal. Sus compañeros de trabajo son inútiles, no hacen nada bien, no tienen ideas productivas. Según su opinión, sus jefes son un desastre, carecen de liderazgo, cometen constantemente errores, y no tienen una idea de lo que están haciendo. Sus subalternos, si los tienen, son lo peor, y frecuentemente los cargan de epítetos. Presumen constantemente de su sapiencia y cómo serían de distintas las cosas si ellos estuviesen a cargo. Sin embargo, a la hora en que deben demostrar acción son inseguros, temerosos, indecisos, burocráticos, no son tan buenos actuando como hablando, y en las decisiones ineludibles cometen errores garrafales.

Una última categoría está conformada por los defensores de la estructura y el “statu quo”. Generalmente son inteligentes y manipuladores y les gusta mantener subesferas de poder. De allí la importancia para ellos de mantener una organización inerte, sin evolución ni cambio. Viven en un delicado equilibrio basado en el grado de control que puedan ejercer sobre otros, quienes en última instancia son la infantería, la carne de cañón, los incondicionales, a quienes al final les toca dar la cara, puesto que, ellos directamente no tienen el valor de darla. Evidentemente para una organización es altamente pernicioso este tipo de líderes negativos.

Tal como dijimos antes, es posible que existan líderes negativos que no son malos trabajadores. Usualmente son personas cargadas de complejos o de resentimientos de diversa índole. Reaccionan muy negativamente cuando se sienten marginados o no se hace lo que ellos creen que es la acción correcta. Su comportamiento patológico es algo intrínseco a su personalidad. Usualmente son muy problemáticos para la organización, y algunas veces tienden a ser altamente desestabilizadores, pues, por sus propias características llegan a ejercer liderazgos fuertes. Sus seguidores tienden a ser muy fieles y difícilmente aceptan siquiera la posibilidad de estar siendo manipulados, pues esos mismos líderes constantemente les alimentan sus egos, con lo cual de alguna forma les recompensan. Tienden a convertirse fácilmente en sus redentores y reivindicadores. Pueden caer en una o varias de las tipologías anteriormente descritas.

Desde luego que existen los malos trabajadores, clasificables dentro de las características anteriores, pero que no son líderes. Son los más frustados, puesto que están expuestos a las patologías descritas, pero nadie los toma en serio. Sin embargo, su efecto desestabilizador es importante.

 

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  1. #1 por mary el 24 enero, 2011 - 9:13 PM

    Hola. Ser un buen líder es una responsabilidad muy grande que puede desempeñar cualquier persona. Pero se requiere, ante todo, que un líder sea alguien que tenga muy buenos habitos.

  2. #3 por Diego Fabian Montes el 19 abril, 2012 - 7:21 PM

    Hola, El documento capturó mi atención principalmente por una necesidad inmediata que poseo. Si quisiera aplicar yo este documento a alumnos de grado Sexto, ¿qué otras variables, arraigadas a la edad, se deberían tener encuenta? y finalmente una duda que me embarga, ¿Sería un error trabajar con ese lider negativo como monitor de una clase? si de pronto posee otro artículo con relación al trabajo con lideres negativos, se lo agradecería mucho.

    • #4 por Dennis Meléndez Howell el 12 agosto, 2012 - 9:16 PM

      Creo que es importante tener el diagnóstico de un sicólogo, para no cometer errores. Hay pautas de comportamiento que se pueden corregir con estímulos positivos como el que usted dice, pero debe tener cuidado de darle un seguimiento muy cercano para identificar problemas mucho más profundos que podrían resultar contraproducentes.

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